martes, 28 de septiembre de 2010

Acerca de Chris Sanders, principalmente.















El resurgimiento de Disney en la década de 1990 con una nueva serie de clásicos exitosos que comenzó con La Sirenita en 1989, tiene una relación parecida a la del huevo y la gallina con la frescura que entró a los proyectos de la compañía de la mano de creadores con un mundo propio y un discurso a veces más, a veces menos distinto de la rígida estructura que durante muchas décadas funcionó tan bien pero que a pocos años de la llegada del nuevo milenio necesitaba dar un giro. Para mí, el caso cumbre y paradigmático de esto que estoy tratando de explicarme a mí mismo y a quien pueda interesar, es Lilo & Stitch (2002) y del genial Chris Sanders. Mucho se ha criticado ideológicamente y en su funcionamiento a la compañía Disney. Mucho se le ha comparado con sistemas personalistas y económicos que no vienen al caso y yo no me corresponde a mí condenar o defender el behind the scenes de toda esta fantasía. Yo, personalmente, me quedo con el behind the magic. Pero para mí es una satisfacción y me parece que es la manera de hacer las cosas, que Disney, en la posición en la que se encuentra, funcione como una plataforma que haga posible que un mundo como el que ha creado Chris Sanders en toda su carrera encuentre escenario en un clásico animado.
Advierto que todo lo que digo se refiere al Disney 2D. La complicada relación de Disney con Pixar es otro tema.
Chris Sanders comenzó su carrera en Disney, elaborando trabajo conceptual para La Bella y La Bestia (1991), dentro del período que nos compete en este momento. Esta apertura que, según mi humilde teoría, se permitió Disney en esta época, permitiría que Chris Sanders llegara a donde llegó más tarde, muy distinto de lo que pasó con Tim Burton, que, para bien o para mal, sólo volvió a relacionarse convenientemente con Disney cuando había alcanzado la fama por su propia cuenta, a pesar de Disney, a pesar de WB. Pero eso es otro tema.
También Chris Sanders es Chris Sanders y su terquedad artística (no le estoy inventando ninguna personalidad conflictiva a Sanders, no lo conozco) lo dejó equilibrar su trabajo como un artista al servicio de un sistema de producción con la elaboración de un mundo personal tanto en un nivel narrativo como visual. Es un artista con un talento maravilloso tanto para el dibujo y el diseño de personajes con una firma inconfundible como para crear un mundo ficcional en el que colocarlos y hacerlos moverse a sus anchas. De una idea del propio Sanders y de su alianza con Disney nació Lilo & Stitch. Es el trabajo más conocido de Sanders, conozcan o no el nombre de su creador. Pero más allá de eso, existe una cantidad de trabajo visual y narrativo de Sanders fuera del cine y fuera de Disney que vale la pena rescatar. Es de este mundo de erotismo, malicia, contemporaneidad y ciencia ficción de lo que impregna a Sanders a uno de los últimos clásicos de animación tradicional, en dos dimensiones, de Disney. Por más ciencia ficción y extraterrestres que tenga, a mí Lilo & Stitch me resulta mucho más identificable con lo que vivimos como humanos que muchos clásicos de Disney. Chris Sanders trabaja su imaginación dentro, entre, encima y no fuera de lo inmediato, y maneja una mezcla de sensualidad, ternura y actitud en unas proporciones que resultan atractivas a un público aquí y ahora. Y Disney parecía haberse quedado en el aparato. Las audacias de un Tex Avery, por ejemplo, no consiguieron entrar nunca en la torre de marfil de Disney. Y las heroínas de Sanders recuerdan, después de desarrollarse, a las esbeltas y fatales figuras de Tex Avery o posteriormente de John Kricsfalusi. Nada más imaginarse qué hubiera sido de La Sirenita si la hubiera hecho Chris Sanders.
Revisen su trabajo, es maravilloso. Revisen su comic Kiskaloo, es genial, una especie de Calvin y Hobbes + Lilo y Stitch llevados un paso más allá en la acidez. Ahí pueden ver también su dominio narrativo. Disfrútenlo.


Pedro.

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