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viernes, 20 de mayo de 2011

Último Cuerpo. Carlos Daniel Malavé. Venezuela. 2011


Último Cuerpo.
O Hay que votar la basura en su lugar.

Por: Daniel Dannery.

En la sala, unas 50 personas. El aire, bastante frío. Una única publicidad del ya desgastado Spot Digital (Me impresiona, ¿Sólo una? Si ya estoy acostumbrado a ver media hora de comerciales mal hechos, como ese terrible de “La escuela de cine”, nefasto.).  Debe ser porque estoy entrando a la función de las 5:30pm. Debe ser.
Luego, un trailer mal proyectado de “Beyond a reasonable doubt” (En español: Más allá de la duda) el remake del clásico de Fritz Lang, un bodrio que tuve la oportunidad de ver en la comodidad de mi casa, aunque la original tampoco es que me guste mucho. El sonido a todo volumen, como si nos prepararan para escuchar unos de los mejores diseños sonoros elaborados en Venezuela, luego oiremos que es una mentira.
Finalmente el festival de Trailers de los nuevos estrenos del cine nacional. El primero: “Días de poder” lo nuevo de Roman Chalbaud, de seguro otro producto panfletario criticando los 40 años antes y alabando los ya 14 que hemos pasado bajo el mandato del comandante en jefe, de seguro no, será así. El segundo: “Reverón”, una película que me provoca ver; tanto por el personaje central del que tanto se habla en los pasillos del arte en general, pero el cual se tenía olvidado, así como olvidamos cualquier cosa, como por su protagonista: el actor Luigi Sciamanna, uno de esos pocos que se toma el método en serio, nuestro propio Jhonny Deep, me gusta verlo de esa manera.  
Es justicia poética la que hace Rísquez con "Reverón", pues desde la tragedia del 99 en Vargas, el castillete sigue bajo las ruinas, y el estado nada que alza la voz para recuperar la que para nosotros debería ser un patrimonio cultural.
 Impresiona la voz del narrador que dicta: “Una Película de Diego Rísquez” a mí la verdad eso me causa gracia, pues ni en el nuevo crimen de Chalbaud hacen alarde tan pedante. Un coro en sotiboche exclama ¿Y ese quién es?, en fin, cosas del ego.
El tercero y último. El bocadillo de lo que será en salas comerciales nacionales el primer intento por enseñarle a nuestro público que los Cortometrajes también son películas. Este fin de semana corroboraremos que tal le ha ido al experimento.

Las luces se van apagando. El anuncio propio de la cadena prepara nuestros sentidos para comenzar a disfrutar de la película. Nos recuerdan que debemos quedarnos callados, por aquello de no incomodar a quienes están sentados a nuestro lado. Que debemos apagar nuestros celulares, por aquello de no incomodar a quienes están sentado a nuestro lado, y que botemos la basura en su lugar, no debajo del asiento, ni sobre el asiento, ni mucho menos arrojársela al de al lado, pues la basura va en la papelera, como mandan las leyes de cualquier sociedad que se precie de ser educada y cívica. Finalmente descubriremos al finalizar la proyección, que éste anuncio no sirve de nada. Males de nuestra sociedad, es que algunos hacen las cosas a su manera. Cuestiones de ego. En definitiva esto nos recuerda que como sociedad hemos ido en pico. Pues carteles impresos tamaño carta y con tinta desgastada dictan las mismas sentencias en cualquier local o  abastecimiento de entretenimiento. Como señales, advertencias que nos golpean una y otra vez. ¿Para recordarnos qué?
Arranca la película. Me impresiona que finalmente puedo ver una película venezolana abarcando toda la pantalla, por lo general, el pobre mal pagado que le toca cambiar el rollo simplemente se limita a eso, a cambiar el rollo, y de vez en cuando se preocupa porque al menos un lateral de la proyección se vea en foco, de resto él simplemente está cansado y quiere llegar a su casa.  
Lo que sospechaba, mis dudas eran ciertas, le bajaron el volumen a la proyección, lo anterior era una burla, la sensación es la de haber escuchado en audífonos a toda mecha alguna canción de AC/DC y luego terminar intentado complacerte con la corneta de tu teléfono celular, más o menos así. En fin, es lo que hay, o al menos como ellos quieren que sea. Cosas de la burocracia, que yo poco entiendo. O quizás un plan de desestabilización contra el cine nacional, esa guerra entre las distribuidoras y los cineastas, entre los dueños de las franquicias cinematográficas y los cineastas. Cosas de  guerra, que yo poco entiendo. 

La película comienza con una canción pegajosa, de esas que Rodríguez, Tarantino, Roth y etc, suelen usar para arrancar sus películas, no se puede negar la influencia que acecha a Malavé en ese sentido, él tiene esa necesidad de hacer cine Pulp a lo venezolano. La canción se desgasta abruptamente sobre otra escena más adelante. Esta sensación de cambio de emisoras estará a lo largo de todo el metraje, abusa del efecto, y de las tonadas, pues “Último Cuerpo” está plagada de referencias musicales, en algunos casos muy bien insertas y en otros indecorosamente bajadas de volumen.
Unos títulos amarillos nos refuerzan el hecho de que veremos una película sobre el periodismo amarillista, en la onda de “Crónica Policial” y la última página del “Última Noticias”, por algo se llama “Último Cuerpo”, a pesar del juego de palabras. Juega con esos colores en la fotografía, una decisión acertada en ocasiones para remarcar las tonalidades propias de la ciudad, y el tema central perse. Maracaibo es calor, seco y a veces pestilente, ese calor que te cuestiona tu ética como humano. Es por eso que el amarillo para Malavé se convierte en su propia visión de hacerle guiños al Noir made in Venezuela, un terreno que al director parece gustarle y del que ha hecho referencias en sus trabajos anteriores.
Para el espectador ésta es una sensación vivida, pues todas las mañanas en los andenes caraqueños de nuestro abandonado metro, vemos a ese Venezolano de a pie que sigue leyendo el diario de atrás para adelante, esa curiosidad que se le adjudica en Maracaibo al personaje homenajeado en cuestión en el filme. En todo caso, para el caraqueño las noticias de “Sucesos” es como el guayoyo mañanero: No puede vivir sin el. Es una bocanada como la del primer cigarrillo, aire para nuestros pulmones, pues vivimos de la violencia, y ya nos acostumbramos a ella. Malavé intenta hacer critica de todo esto.
Malavé aun intenta demostrar un estilo, una forma de hacer cine, de ser recordado, valorado y reconocido por el espectador venezolano. Quizás lo esté logrando, y es que el merito de Malavé radica justamente en que él hace lo que le da gana y como le da la gana, en ese sentido Malavé se reinventa en forma, más no en contenido, para intentar hallar una huella. Es por eso que “Último Cuerpo”  es un pastiche de encuadres, cortinillas y movimientos de cámara, que pasan desde el policial Ochentoso, con sus tonadas de saxofón melancólico al caer la noche, hasta la estética comic impresa en filmes como “Pulp Fiction” o “Sin City”.
Malavé siempre ha jugado a hacer cine. Lo hace desde una perspectiva lúdica muy personal y apasionante. Se siente como un niño[1] que tiene algo de dinero; sólo un poco, el de la mesada. Una cámara y muchas horas de películas “Clase B” frente a sus ojos. Eso esta bien para él mientras disfrute de sus películas, pero no para quienes pagamos por ir a verlo. Pues un padre disfruta de las niñerias de su hijo porque no le queda otro remedio, pero tiene tolerancia cero ante los hijos de los demás.
Lo bueno es que el niño está creciendo y se nota la madurez. Pues esta es su mejor película desde “Por un Polvo” ya que “Las Caras del Diablo” fue un experimento realmente fallido. En todo caso para mi es meritoria la labor de Malavé en la industria cinematográfica nacional, es el único, en nuestro país con casi un estreno anual en su haber, ¿Dedicación, constancia, fuerza de voluntad? Sólo el lo sabe, pero esta forma de vida, está empezando a dar resultados.
El ritmo de la canción curiosamente no compagina con el montaje, lo intenta, pero no lo logra, a lo largo del filme se presentarán momentos parecidos, como el de la persecución entre los bananeros, no muy bien lograda en cuanto a tensión se refiere. Le falta necesidad de videoclip a lo que se plantea de esa manera. Al contrario veremos una labor mucho más elaborada y correctamente filmada en la escena del supermercado, pero como no todo es oro, pues malavé recurre al Deus Ex Machina al abarrotar el final con 20 policías comando (Quizás eran menos) que salieron de la nada. Y no, no era una estrategia policiaca para capturar al Mata-Policías, pues la actuación de Jesús Cervó así lo niega.
Pasamos luego de un prólogo, a conocer a nuestro antihéroe y a su compañero de andanzas, en una relación bastante pintoresca de maestro/aprendiz, o de Quijote y Sancho Panza, no por nada el Heriberto Camargo que construye William Goite es presa de unos molinos que se alzan sobre el puente, su locura periodística o su irreverencia profesional es producto de más de 30 años de cercanía con la muerte, una patología del personaje que se hará cada vez más evidente a lo largo de 4 soliloquios, muy mal escritos, redundantes e innecesarios que el director ha puesto sobre el papel para el lucimiento de su protagonista. En algunos momentos falla, en otros es aceptable. La necesidad del personaje por alcanzar el reconocimiento o de alguna forma no ser olvidado y pasar a la historia, se ven, no sólo remarcadas en las palabras de su personaje, sino en la labor de la dirección de arte, pues una edición del Club Brugera de los 80´s de “A Sangre Fría” de Truman Capote, está convenientemente abierta al lado de su monitor. La necesidad de rescatar al personaje ante los días violentos que vivimos actualmente en nuestro país lleva al director a ese tipo de obviedades. Subtexto temático dentro de la psiquis del autor, como una muestra de su cariño hacia el personaje verdadero.
Goite se siente cómodo con el personaje, caso contrario a lo que le ocurría en “Las Caras del diablo”. Los roles característicos le pertenecen, aunque es sabido que puede sobrepasarse, como se ha visto en “Por un polvo”. En este caso es culpa de Malavé sus momentos más bajos, que claro están en gran parte de esas 4 escenas que ya he nombrado: La conversación con el compresivo transformista, dos escenas con su pupilo, y el final, donde se manejan una serie de textos que redundan en la psicología del personaje. Malavé sigue con sus intenciones de hacer largometrajes basados prácticamente en el dialogo, el error; considero yo, es que él mismo se adueña de la edición, le cuesta desprenderse de su producto, y se niega a cortar donde hay que cortar, quizás de esa manera hasta 30 minutos menos de metraje le habrían sentado mejor al producto final. Cuestiones de ego.
Y vaya que Malavé lo tiene, recuerdo sus insultos al critico Ricardo Azuaga con motivo de su nota sobre “Las Caras del Diablo”, que en este caso se remarcan constantemente ante la pregunta que le hace Camargo a su Sancho cuando le dice: ¿Cuántas caras tiene la muerte?
1, 2, 3 y hasta 4 veces, llegué a contar.
A Goite lo secunda Guillermo García en el rol de compañero inseparable, con una máscara continua de hombre temeroso que crea simpatía en el espectador. Todos los momentos dedicados a insultar al pobre hombre o a ponerlo en situaciones de tensión, son bastante divertidos, y el espectador así lo remarca.
            Miguel Ferrari con un performance actoral bien llevado. Jean Paul Leroux que curiosamente se hace más natural al entonar el castellano en acento colombiano, le sienta bien, aunque cuando intenta ser natural, digamos, sigue sobreactuando.
No me acostumbré a Mercedes Brito, si bien tiene momentos notables, como el caso cuando descubre la identidad de su amante, el personaje resulta forzado, algo que me pasó con Norelys Rodriguez en “Muerte en alto contraste”, la necesidad de involucrar un rol femenino de peso en la película era prescindible, pues el personaje hubiese tenido un motor dramático de haber accionado y enfrentado el problema ante el conflicto generado por el cuadro de los personajes, pero finalmente el personaje guarda silencio cuando se ve en la situación creada por su guionista, lo que me hace pensar que simplemente está en el filme para ser mostrada como un producto capaz de satisfacer la necesidad de ver unas buenas tetas y un culo. Patrón machista de sociedad matriarcal. Es valido.
Malavé está aprendiendo de sus errores, finalmente no usa a la mujer como un objeto del deseo para el espectador invitándolo a compartir un desnudo pudoroso como fue el caso de “Por un polvo”. Aquí juega con el erotismo de unos pezones femeninos que se ocultan tras la vestimenta de su femme. Finalmente juega al erotismo implícito sin necesidad de intentar mostrar mucho más. 
            El reparto lo completan, el ya constante dentro de la filmografía de Malavé, Guillermo canache en un personaje menor, pero en apariencia importante para la trama. Una desaprovechada Matilda Corral, que al menos logra lucirse un poco más que en su predecesora película, aunque encarnando un rol similar, personaje informante, en una cúpula mísera y de pobreza marcada. Socrates Serrano como el cabecilla, jugando a la par con Jean Paul Leroux en eso de los acentos, no solo yo lo note, pues los adolescentes sentados frente a mi se hicieron la misma pregunta ¿Y al acento qué le pasó? cuando el Alcalde luego de su discurso político, en un acentuado maracucho, habla con Sangretti en un muy marcado Caraqueño. 
Ésta escena de la inauguración de un centro comercial es una lanza que Malavé intenta clavar a los burócratas de nuestro país desde el inicio, donde un lacayo del Alcalde le da la bienvenida a “Todos y a Todas”, bajo los colores azules que representan a la oposición de nuestro país, dos bandos enfrentados bajo la estética del color y la fuerza del dialogo de la propaganda política.
El público ríe cuando hay que reír, presta atención cuando amerita de ello, y se confunde cuando Malavé le imprime un montaje anacrónico a su historia. Sospecho que no aplicó la misma técnica de Eduardo Arias-nath para con “Elipsis” cosa que es de agradecer, ya que lanzar el guión por lo aires, nos ha enseñado que puede resultar ser un completo desastre.
Malavé piensa muy bien donde colocar sus extractos informativos, para que el espectador entre en juego, solo es funcional, cuando la trama está llegando a su final. Puede o no ser acertado, yo sólo lo nombro.
El Happy Ending plantea una luz al final. A pesar de que frases como “No quiero que la muerte se enamore de mi” o “Los gobiernos pasan pero los policías quedan” son lapidarias para una sociedad que día a día sufre los estragos de la violencia. La ilusión de que el problema se puede resolver desde adentro resulta risible en un país que se ha acostumbrado a irse por la tangente. En un país donde deben recordarte que debes votar la basura en la papelera. En un país donde ver un muerto en la acera es una atracción de feria, sobretodo cuando la policía se presenta 8 horas después.

La película termina y uno sale satisfecho, pues el producto funciona dentro de los anaqueles del entretenimiento, no va más allá de eso.
Lo bueno, que Malavé se está tomando su tiempo para narrar historias.
Lo malo, que luego de salir de cartelera será olvidada, como sus trabajos anteriores.

Al final en la escena del supermercado el hombre que estaba sentado en el asiento trasero se pregunta: ¿Y que supermercado es ese donde hay aceite? Quizás es el “Último Abasto” y quizás resulte que de un tiempo para acá cuando los policías sigan siendo los mismos, a pesar de los gobiernos, el último cuerpo sea el de uno. Nos quedará la satisfacción de ver nuestro nombre en la pagina del “Últimas Noticias” y quizás a Malavé le de por hacer alguna película sobre nuestro caso. Todo depende de si seguirán enseñándonos donde botar la basura, o si por el contrario seremos capaces algún día de botarla en su lugar sin que nos recuerden nada.

Mayo 2011.

[1] El termino niño lo empleo, hacía la labor como director de Malavé, bien es sabido que Carlos Daniel Malavé tiene mucho años en el mundo de la cinematografía nacional, pero desempeñando otros roles.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

MUERTE EN ALTO CONTRASTE ó Agonía en Baja Resolución.


Leyendo la crítica de algunos dinosaurios del medio cinematográfico de Venezuela, uno no puede sino pensar en una renovación, no del cine, que ya ha dado sus pasos bien pisados en la actual cartelera nacional, sino del análisis cinematográfico, que clama incesantemente por una renovación, una voz que deje de ser tan complaciente y amiguera.

Me lo comentó una vez un estudioso del tema “En Venezuela no hay crítica”, en primer lugar creo que la crítica no se había dado del todo por la escasa producción, pero a una década ya por finalizar, es obvio que esto comienza a cambiar, ya sea por esos textos petulantes de algunos hombres de corbata, o por los comentarios críticos que cualquiera se puede encontrar al visitar un blog.

“Muerte en Alto Contraste” no es correcta, no es redonda, no se destacan ni la dirección de fotografía, ni la de arte, ni la música, ni las actuaciones, ni el sonido, ni el montaje; como alguien escribió por ahí. Como dijo el presidente Mexicano Luis Echeverría por allá en los 70: “Sino, Todo Contrario”. Carece de gusto, de concepto, de lógica. Sí, “Las caras del diablo” se arropa en su mal justificada carencia de dinero, “Muerte en alto contraste” logra el mismo resultado sin la improvisación y con todos los recursos.

Bolívar retorna a un campo del que pareciese, ya no se siente del todo cómodo, lo que había logrado con “Homicidio Culposo” lo destroza con los pies, en este Thriller Policial con subtexto político.

Más de una década ha pasado desde que este realizador pudo ver estrenada una película, con la cual no le fue del todo bien: “Rosa de Francia”. Y uno se pregunta qué fue de aquel hombre que logró planos tan hermosos en “El Pez Que Fuma” (DP) o de aquel que se tomó de un argumento tan patético (En buen sentido) en “Domingo de resurrección”.

Obviamente el cine de este realizador ha envejecido muy mal, pero en estas muestras, uno se encuentra aún con detalles que a pesar de todo te dejan un gusto, de no muy mal sabor.

Mirar al pasado a veces se convierte en una pedantería o en una muestra de resistencia al cambio, pero en el caso de Bolívar es casi obligatorio hacerlo, de la misma forma pasa con Chalbaud, De Pedro, entre otros. Pues son ellos los que nos han legado una cultura cinematográfica, aunque en el futuro, no les vaya del todo bien.

Es difícil encontrarse con material como este, en el sentido de que uno como comentarista, no sabe por dónde empezar, o qué hablar. Y es que todo merece su tiempo, su análisis o al menos una lupa cuidadosa, para cuidarse de no decir cualquier barbaridad y no quedar mal, pero vamos, que si fueron capaces de estrenar cosas como “Des-Autorizados” o “Amorcito Corazón” y hacer que gente, haya ido al cine a verlas, y pagar por ellas, creo que yo podría decir cualquier cosa aquí y estaría libre de todo pecado, y al menos se ahorran un dinero.

Hay que estar claros que aunque la RAE le haya quitado la tilde a la palabra “Solo”, puedo decir que SOLO uno puede ver una película como ésta y aguantarla con mucha fuerza de voluntad y fe. En ambos sentidos.

Un conflicto claro presenta el guión firmado por Los Varela y Bolívar, una venganza que se a venido alimentando por 20 años, tras una masacre causada por motivaciones políticas. El personaje de Wildpret, ha tenido el tiempo suficiente para armar un plan y así acabar con todos aquellos involucrados en la muerte de sus padres, y esto es lo que nos muestra la película, un hombre que debe terminar a como de lugar con una cúpula extrema que velaba ante sus propios intereses, mientras la lucha izquierdista de la época, intentaba lograr una batalla contra el gobierno de turno, entre las montañas y disfrazados de guerrilleros. Aquí tenemos el subtexto panfletario.

Más allá de esto, el argumento podría resultar interesante, pero no todo acaba aquí, el espectador debe ir descubriendo la fijación de nuestro personaje principal ante los encantos mal fotografiados de Norelys Rodríguez, el único personaje, con el que no se conecta el público, y si somos meticulosos, ni el mismo Wildpret se siente cómodo. Una historia colocada para vender, digo, un cuerpo y un rostro que aporta su nombre para lograr un éxito seguro en taquilla.

Al menos si uno sintiese que Rodríguez se la pasa bomba en cada escena, sentiríamos cierta simpatía por el personaje, y por la historia forzada de amor que empieza a nacer a medida que la trama avanza. Pero cada escena resulta tan risible y patética que da vergüenza quedarse sentando viendo como cada diálogo y emoción de cartón se va desbordando al visionarla.

Y la culpa no es de Rodríguez, sino de un personaje sin tridimensionalidad, mal dirigido, que no sabe como moverse dentro del espacio.

Su cuerpo se pierde entre el grano de la noche, ante una luz bucólica que emana de un baño, mientras uno se va deshaciendo en la butaca pensando ¿Cómo para qué? Si es que ni una teta. Y luego pasamos al contraluz, donde las figuras de ambos se besan, mientras en el fondo las camionetas de Sabana Grande captan más la atención, ante un diálogo mal digerido que dicta:Mejor empecemos aquí para evitar la incomodidad en la habitación. Si lo que querían era hacernos sentir incómodos, pues lo han logrado con creces.

Norelys Rodríguez se pierde en un mundo que no fue dibujado para ella, su personaje, carece de conexión, y me atrevo a decir, que las peores escenas de la película son protagonizadas por esta historia de amor. Para muestra, la escena del sushi, o esos planos de película erótica barata clase B, que se dejan ver ante las rendijas de un ventilador de techo ¿Dónde está la poesía del cuerpo ahí?

El personaje de Wildpret, va desbordando sufrimiento a medida que avanza la historia, y uno se pregunta si esa cara estática es una mezcla de “Elipsis” “Un lugar lejano” y “Des-autorizados”, y el personaje es un metatexto con piernas con lo cual el actor simplemente se está riendo de nosotros.

Es cierto que sus emociones varían mientras da vueltas por el piso a lo comando, o en la tradición de Seagal demuestra su flexibilidad pendiendo sobre los marcos de una puerta. Pero creo que el cambio gestual se debe, ante el esfuerzo físico que ameritan las escenas de acción.

Como te extraño Schwarzenegger.

Obviamente quien se roba los mejores minutos, en nuestro camino hacia la búsqueda del tiempo perdido es Juan Manuel La Guardia, el personaje más real, mejor actuado, aunque hierva por momentos en la sobreactuación. Un digno regreso para este actor, que estaba en vías de desaparecer de nuestro imaginario.

Un personaje que retrata la Venezolaneidad, y con el cual el público sufre la identificación correspondiente, y es que sino eres cómo el, al menos te le pareces o conoces de alguien similar.

Más allá que la venganza dentro de esta historia sea el conflicto real que mueve todos los hilos para que la trama vaya develándose, es en este Pepe Grillo moderno, donde recae toda la sustancia dramática de la cual debe estar conformado un personaje. Un pasado lejano y cercano bastante claro, un presente desolador y un futuro que no se vislumbra, y es ahí de dónde el personaje se engancha para intentar enmendar, lo que posiblemente no tenga solución.

El resto de los personajes son relleno puro, del mejor algodón y necesarios para el final. Algunos mejores que otros, otros particularmente estáticos.

“Muerte En Alto Contraste” define la primera película Ochentosa Venezolana grabada en pleno siglo XXI, su fotografía así lo define, noches azules al mejor estilo Monkey Island, escenas eróticas bañadas en el más tenue anaranjado rojizo, un grano en la imagen que nos hace recordar esas copias en VHS de la colección de la Cinemateca Nacional. Lo mismo podría hablarse de la dirección de arte, una apología al mal gusto, al peor, al barato. Al menos Malavé se sincera en sus escenas al mostrarnos las paredes sucias, y eso le da un tono realmente amateur. Pero aquí, un florero con cuatro flores artificiales rosadas, ante un fondo de persiana azul, en un Two Shoot de cafetín, nos habla acerca de que tan lejos está ésta película de ser realmente el magistral regreso de un cineasta.

Sin hablar claro, hasta de las fuentes usadas para tipografiar el título de la película. ¿Se acuerdan de esa serie tipo comando llamada “A-Team”? Cualquier coincidencia, es pura casualidad.

El montaje por momentos es correcto, en otros, simplemente ridiculiza más aun este nuevo formato de llevar “Crónica Policial” a la pantalla grande, abusando del efecto cromático y exponiéndolo ante un ojo que se pierde en una espiral, no como los créditos de “Vertigo”, sino como el agua que sigue su curso natural al bajar la palanca.

¿Quién fue el jurado del festival de cine de Mérida y Margarita? ¿En qué manos está el criterio estético, de lo fundamental del arte, en este país? ¿Todos los ácaros se han comido las famélicas hojas amarillas de las ediciones caseras de la “Critica del Juicio” de Kant? ¿O es que no había nada mejor que premiar, y en vez de declarar desierto tenían que resolver con que lo hubiese?

Es una lastima que el regreso de Bolívar no fuese con bombos y platillos, aunque eso es lo que nos hagan creer, pero nosotros ya no nos dedicamos a chuparnos el dedo y bajar la cabeza cada vez que alguien dice que el Mesías del cine nacional va a llegar.

Igual el intento de “Muerte en Alto Contraste” de posicionarse ante los éxitos de este año, tiene su merito, aunque al diseñador del Poster, creo que no le pagaron lo suficiente.


Daniel Dannery.

lunes, 2 de agosto de 2010

HERMANO: Un debate entre el cine de género y el personal.

Esto, son una serie de comentarios armados en base a las preguntas que el periodista Alexis Correia, ha hecho para armar su articulo sobre "HERMANO" en el diario "El Nacional" de fecha 02/08/2010.

Hermano (2010, Marcel Rasquin, Venezuela) destaca por una estructura tres actos comprensible, fácil de asimilar, que te involucra de lleno en la historia que estás viendo sin caer, a simple vista, en moralismos o mojigaturas, que no las cree nadie.
Su discurso se maneja de la misma manera; como se manejaría cualquier película norteamericana, de tocar un tema similar. Es por ello que se le hace fácil al espectador poder sentirse identificado con ella, no necesariamente en vivencias personales, sino en el vinculo que debe crearse entre la historia y el que la percibe (Una recepción amplia, un mensaje manejado), mantener la atención, y no pecar en mostrarnos a un narrador que está continuamente intentando mostrar su mano, su rostro o peor aún, su nombre.

Es una gran muestra de un cine de autor manejado comercialmente, sin caer en academicismos incomprensibles del todo intelectuales.
Entonces, ¿Hace falta un cine de género en Venezuela?.

El critico Ricardo Azuaga, comentaba en su columna "El dedo en el Ojo" con respecto a Hermano:

(Hermano)..."es heredera de una historia muy explotada por el cine de Hollywood y pocas veces usada en Venezuela: la del deportista joven (en este caso los dos hermanos) que busca en su disciplina el ascenso social y alguna redención. En EEUU, el éxito más reciente es The Blind Side (2009)."

Existen varios problemas en el cine nacional que no se han resuelto.


La primera, que los realizadores han optado por hacer un cine muy personal, esto es un arma de doble filo, y habla acerca de un estatus de ego que resulta pedante (Des-autorizados, 2009, Elia Schneider), obviamente este punto, hace que el espectador no se identifique, emocione, o canalice lo que ve, ya que se está proyectando una serie de elementos muy propios a los cuales el espectador común y corriente no está acostumbrado.

Pensemos por un momento, cual es el cine que el venezolano promedio va a las salas a ver? Obviamente el cine norteamericano, que simplifica el acto de entender, pero que no deja de lado un desarrollo moral, que a veces no es del todo obvio pero que se hace fácil de asimilar, bajo una formula mágica, que no se agota, pero que es una receta practica y con la cual se puede hablar de casi todo: Chico conoce chica, chico es separado de chica, chico lucha por chica, chico termina finalmente con chica.

Por otro lado, cuando a cine de autor nos referimos

¿Quiénes son los que están a las afueras de cada festival italiano, francés, húngaro...? esos mismo creadores, que están satisfaciendo una necesidad inspiradora (A veces).

Pero el arte no debe ser algo por completo individualista, el arte, es ante todo, un eslabón en la cadena del conocimiento y el aprendizaje, y el cine entra dentro de este estatus. Es un tema tan complejo, en el que se puede hablar hasta de cómo se usan ciertos elementos técnicos que pueden funcionar con el manejo adecuado, pero que fallan por una mala visión del mismo. Ejemplos claros lo son: Pura Joyitas. (2007 Henry Rivero y César Oropeza) y La virgen negra. (2008, Ignacio Castillo Cottin).
Obviamente hay un problema claro en las estructuras de nuestros guiones, y esto no es más que una prueba de que nos falta una industria real cinematográfica, donde el guionista sea el guionista y el director, el director, ya después de eso, después de aprender a cabalidad el manual del guerrero que es no es más que "El viaje del héroe" pueden salir a flote todas las pedanterías que se puedan, ahí está Francia o Alemania, la misma USA.

Entonces sí, creo que hace falta en el país un cine de género(*), mostrarle al espectador lo que somos realmente capaces de hacer, con lo que ya inconscientemente ellos están acostumbrados a ver, para luego, comenzar a sorprender del todo. Es una etapa de crecimiento. De ahí derivó el éxito de nuestro cine en los 70, el problema, es que el contexto ha cambiado, el mundo, el país ha cambiado lo suficiente.

Las estrategia de mercadeo depende de las causalidades. Y de cómo se planteen.

Hermano ganó un premio, creó expectativa, gustó, y se empezó a dar el boca a boca, todos comenzaron a hablar de ella, (Todos hablan, más no todos la han visto, Hermano aun no supera, y esta muy lejos de superar el éxito de taquilla que impuso Secuestro Express. (2005, Jonathan Jakubowicz.)

Subhysteria. (2009, Leonard Zelig) Se vendió cómo la primera película venezolana impr
ovisada (Aunque ya en un articulo anterior de este blog, he comentado que para mi no es una película venezolana), creó expectativa, algunos las amaron, otros la odiaron, se empezó a dar el boca a boca, y bueno esta es otra historia.

Obviamente el truco está en que se venda la película como algo único. A partir de ahí ya depende del gusto, y como decía Andres Caicedo "El gusto es una aberración".

¿Pero qué está pasando ahorita con una película tan grandio
sa cómo Cheila, una casa pá Maita. (2009, Eduardo Barberena, ganadora de los premios gordos del festival de cine de Merida? ¿Es que acasos nuestros festivales no tienen la misma importancia? Tenemos una prueba clara de alienación nacional, pero ese... es otro tema.

¿Dónde está la publicidad de Cheila? Se quedaron en la nota de vender la película por puro trailer, y sabemos que eso ya en estos tiempos, no es del todo efectivo. ¿Por qué tocando una temática como lo es la homosexualidad, no llamaron a una marcha GLBT para promocionar la película en las calles de Caracas? ¿A quién le importa entonces? Y es una lastima que el público no vaya a verla, sabiendo como es de intolerante el Venezolano real con estos temas, incapaz de comprender del todo.

Entonces el problema radica básicamente en tres puntos: Hace falta un cine de género, basta de pedanterías intelectuales que no las entiende ni el cónyuge del realizador (a). Revisar A Fields, McKee, y a Homero, su Iliada y su Odisea, y comprender cómo se debe narrar una historia sin aburrir y sin redundar.
Vender el producto, como lo único grandioso para lograr atrapar al espectador, a partir de ahí, ya se sale de las manos, hay que depender del gusto.

(*).
Justamente en estos días, luego de un gran maratón de películas Serie B y Z, pensaba que podría ser tan fácil incursionar en el cine de terror en nuestro país, muchos hablan que los gringos son una sociedad enferma que cultiva depredadores para si mismos. ¿Y no tenemos en Venezuela actualmente los mayores indices de muertes violentas? ¿El espectador no paga y agota taquillas con películas tan malsanas y pervertidas como Saw o Las colinas tienen ojos?... Al venezolano le gusta la violencia, está acostumbrado a ella. Es una mentira ese lugar común del espectador que habla de nuestro cine siempre con los mismo adjetivos, o las mismas justificaciones, eso del sexo, el lenguaje ordinario, o la historia de malandros.
Si es así ¿Por qué no están cansados de ver a mujeres desnudas en películas de terror, o de ver al policía insultando constantemente al ladrón, o de ver las películas de ladrones que planifican robos? Obviamente es un problema de enfoque.

El cine de género creo que es el camino. A partir de ahí todo se puede dar. No hace falta ir a ver a un asesino serial de otro país, cuando nosotros pasamos al lado de alguno de ellos todos los días por la calle sin saberlo. O es que acaso ese afán del espectador por ver el sufrimiento ajeno no fue lo que hizo que en sus día ¿Macú, Cangrejo o Soy un delincuente? tuviesen el éxito. ¿Dónde está la película en este momento sobre Linda Loaiza y el "Inca" Valero?. ¿El cine nacional quiere trascender y tener éxito?

Hay que comenzar a vender historias espantosas, con finales esperanzadores, o historias esperanzadoras, con finales pesimistas.

Por cierto este Poster es de la nueva película de Jim Sheridan, casualmente, se titula igual que el drama de estos dos futbolistas, lo que me llama la atención, y lo que me causa cierta gracia, es que podría pasar por un remake, en donde los Guionistas, han cambiado el balón por una siempre hermosa Natalie Portman.
Daniel.

martes, 1 de junio de 2010

Diego Borjas, LA REINA DE LAS REINAS, Venezuela. 2010.

Educativo documental sobre el origen de la Arepa, ta cual como la conocemos hoy en día.

Documental - Mención Especial Festival de Documentales "Huellas del Pasado" - Universidad Monteávila.

Daniel.

viernes, 21 de mayo de 2010

APUNTES SOBRE SubHysteria.

FRASES DE CUADERNO.

Las claves de SubHysteria no radican en sí es una película improvisada al 80%; (El otro 20% restante recae en las pautas dadas por el director a su equipo artístico, y esto nada de improvisado tiene, he de presumir) sino en lo que muestra, en la manera en que se dan los hechos, y de cómo derivó un planteamiento técnico en una película definitiva.

Todo aquello que enmarca al filme dentro de los paradigmas conceptuales en los que fue elaborado, son simplemente el armazón de una gran estrategia de Merchandising para llevar al público sediento de entretenimiento, al cine.

El problema radica fundamentalmente en eso. SubHysteria, no es entretenimiento, tal y como lo conocemos.

A pesar de que sus autores, de alguna manera le hayan hecho creer al público Venezolano, que así es. Es por ello que se pueden escuchar comentarios de los espectadores dentro de sala, y posteriores a la proyección, que denotan inconformidad o en el peor de los casos un sentimiento de estafa. Hubiésemos ido a ver otra película, A mí que me devuelvan mi dinero. La película es tan lenta que puedo ir a Higuerote y volver. Entre otras.

Esto desata la opinión extrema de quienes visionan el material, y construye un fenómeno crítico, que deriva hacia el gusto más pasional: La odias, o la amas.

Los problemas culturales de nuestra sociedad con respecto al arte cinematográfico, no radican tampoco, en sí estamos acostumbrados a ver cine francés o no, en sí nuestros ojos carecen de la inteligencia necesaria para entender un discurso manejado con sutileza, o en sí se tiene un gusto dogmatizado por el cine de una estructura institucionalizada, véase: Hollywood.

Nada más mediocre que pensar en eso.

El ser humano es mucho más complejo en su manera de racionalizar, y de entender lo que esta viendo. Y esa complejidad de cánones que derivan en el gusto, dan el resultado final de una valoración personal acerca de lo que es bueno y es malo.

SubHysteria se maneja dentro de ciertos códigos, que rompen estructuralmente, con aquellos que los teóricos denominan “El Modo de representación institucional” un catedrático diría, que el filme tiende hacia la opacidad, y este factor construye inmediatamente un lazo en lo que es conocido como el cine de autor. Ese cine que intenta llevar los recursos narrativos, técnicos y actorales, hacia otro espacio, un lugar donde el hecho cinematográfico, tenga una libertad más propia, con los deseos del autor.

SubHysteria, no es mala, ni tampoco es buena, de la misma manera como se podría decir lo mismo acerca de Titanic.

LA FORMA DEL EXPERIMENTO:

El cine guerrilla es un compuesto derivado de la necesidad de expresar algo cinematográficamente con bajos recursos. Esto no es algo que se haya inventado ayer. La expresión para delimitar la pasión sobre la realización cinematográfica: “Para hacer una película solo necesita de una cámara” es, en mi opinión, el primer punto de todo realizador, tenga los recursos económicos o no. Por lo tanto me atrevería a decir, que el cine comenzó siendo guerrilla, pues los Lumiere solo necesitaron de su cinematógrafo para capturar las imágenes del tren, así como De Sica marcó pauta con el neorrealismo, o Von Trier canonizo un manifiesto para su cine Dogma. En general, lo que se plantea es retornar a la pureza de evento cinematográfico, el resto son extras. Y la palabra sólo es el término que se aplica al paso del tiempo, su significado no varia.

El autor se vale de esta expresión, para realizar el filme, es por lo tanto, obvio, necesario, y quizás hasta obligatorio, por la necesidad de realizar un producto bajo estás reglas, que la película, se construya en base a lo que otros consideran un error.

La fotografía:

Es una tontería afirmar que la película se ve oscura, porque no ha sido fotografiada, cuando en “Celebración” de Von Trier (1998), en gran parte de los planos que transcurren de noche, el espectador se siente perdido, pero irónicamente esto ayuda a la construcción de la historia para crear un ambiente de tensión.

En el cine, nada es gratuito, por lo tanto la fotografía de Subhysteria deja ver un manejo fotográfico, que está acorde con lo que se narra, con la evolución de los hechos, y el desarrollo de los personajes.

Esto le da a la historia una sensación amateur, de video casero, de copia encontrada, donde el espectador se debe sentir un Voyeur ante los acontecimientos.

La cámara:

La cámara en mano acentúa una necesidad orgánica que refleja la angustia de los personajes accidentalmente atrapados. Es una cámara lápiz (Rev: Caméra-Stylo. Astruc, 1948) que va dibujando continuamente las secuelas del encierro, que han sido victimas los personajes.

Está cámara en momentos logra unidad, y en otros solo distancia al espectador de la historia. Resultando de esa manera no siempre acertada, y dejando creer que los planos de la película, han sido de igual forma improvisados y no estudiados (Véase: “Sábado” de Matías Bize, 2003), esto hace que la historia se derrumbe en puntos de importancia para la revelación final de los acontecimientos, separando al espectador de una complicidad que debió haberse logrado por completo, la historia así lo permitía. Pues sí los personajes están conociéndose así mismos a medida que se desarrolla la trama, el espectador debe plantearse, junto con el personaje, el estar en una situación similar, y lograr ejercer una situación catártica que permita que el filme, funcione como es debido.

SubHysteria, no lo logra. Pero se acerca en alguna medida a ello.

Ya se han encontrado casos donde la cámara se convierte en un protagonista más, el ejemplo más cercano puede ser “Irreversible” de Gaspar Noe (2002), la construcción dramática que permite el lente en este filme juega un papel similar y análogo al de SubHysteria, crear confusión, caos, angustia y por momentos repulsión. De esta manera, contradictoriamente, poder enlazar al espectador, y crear empatía y rechazo por lo que ve.

Está situación queda a medio camino por el inconstante ritmo en el que suceden los hechos.

EL CONTENIDO.

Las situaciones extremas siempre han sido grandes justificaciones para el desarrollo de los acontecimientos en base al comportamiento humano, en el caso del encierro accidental u obligado, varias películas han tomado esta anécdota como punto de partida: El ángel exterminador (1962), El Experimento (2001), Unknown (2006), The Hole (2001), Viven (1993), entre otras.

Esto permite claramente poder jugar con las emociones de los personajes y llevarlas a su máximo esplendor donde la conducta y las consecuencias que derivan las acciones de los personajes se convierten en el protagonista de la historia. Todo personaje obtiene su recompensa o su castigo, este planteamiento es en general el Leitmotiv de cualquier historia. Y todo personaje debe sufrir un cambio para bien o para mal.

Los 16 personajes (La prostituta, la obsesiva, el predicador, el líder, El ex policía, la pareja de lesbianas, los 3 venezolanos, El matrimonio joven, el conductor del tren, El cubano, La yonqui, La artista) enmarcan la historia de este filme. Personajes estereotipados, con problemas de fácil compresión para el espectador. Estos rasgos permiten la congruente identificación de cada cual, y siendo improvisadas las acciones, el arte dramático del perfil de los personajes y su posterior comportamiento a medida que avanza la acción queda de lado, para darle paso al juego del comportamiento derivado de cada rasgo característico que hace la suma de todos los eventos.

De esta manera, el resultado resulta débil y no del todo acertado. Los actores hacen lo posible por intentar llevar el cause de la historia planteada, pero por momentos abordan la situación con cierta ligereza. ¿Vivir en la incertidumbre de vida a qué conlleva? ¿Tan rápido el ser humano es capaz de olvidar que su vida esta en juego? ¿Cuáles son las motivaciones verdaderas de cada uno de nosotros al vernos en una situación de encierro? ¿Dónde queda la ley del más apto? ¿Es el ser humano malo por naturaleza?

Son algunas de las preguntas que el filme responde y otras que deja a la deriva. Provocando en el espectador un desequilibrio discursivo, que la historia prometía aclarar, pero que deja a la libre interpretación.

Es claro, que estos personajes están condenados a fracasar en sus vidas, más claro es aún cuando el fracaso se convierte en algo tangible al quedar atrapados dentro de un vagón durante más de 40 horas, la condena se convierte en algo visible. Pero los personajes, en escasos y muy puntuales momentos, no son capaces de afrontar del todo esta situación, sus propias situaciones (El ex -policía es un ejemplo claro de cambio conductual).

Hacen dentro del vagón, lo que harían en libertad absoluta, no hay cambio en la manifestación psicológica de muchos de los personajes que resultan ser un relleno casi caricaturesco como es el caso de los 3 venezolanos, o peor aun en la salida fácil que adopta el accionar del personaje del Cubano.

Es por ello que considero que la película falla en su labor de intentar darnos un ensayo sobre la conducta del ser humano en este tipo de situaciones.

Pero donde pierde sustancia, en el juego de los personajes, la gana en momentos de reflexión, donde se nos muestra gente desconocida que no tiene más solución que intentar mantener un dialogo, sembrar la confianza, y el respeto. Y cuando la costumbre del encierro se aploma a la razón, la luz al final del túnel, se convierte en el acto más pesimista, en la lejanía, en la culpa.

Seres que no tendrán salvación, y nunca tendrán la oportunidad de tenerla, porque los vicios pueden más que cualquier razón lógica.

¿SUBHYSTERIA UNA PELÍCULA VENEZOLANA?

Ya de esto se ha hablado mucho, quizás nuestro sentimiento de patria no nos permita ir más allá. Es una película realizada en los Estados Unidos, con cuatro talentos venezolanos en la actuación -De alrededor de 20, también de nacionalidades varias-, y con un presupuesto netamente independiente, sin apoyo económico del estado Venezolano. El Director y el productor son Venezolanos, pero con más de una década fuera del país, y radicados a tiempo completo en New York. El músico Argentino, y quizás todos aquellos que están dentro de la ficha, pertenecen a una nacionalidad distinta.

SubHysteria no es una película venezolana, es una película realizada por venezolanos en el extranjero. Pero eso tampoco la convierte en una película Norteamericana. SubHysteria la planteo como una película universal, sin una nacionalidad aparente, pero con una necesidad implícita de pertenecer a quien la vea. Es una verdad que no debería sentarle mal a nadie, es un logro personal para sus realizadores que han querido compartir con nosotros, mostrarnos la experiencia e intentar expandirla dentro del territorio.

FIN DE LA HOJA.

Quizás sea un experimento, no del todo fallido. Pero eso no la hace un objeto de descalificación personal, ni debería convertirse en la victima de los fanáticos extremos.

SubHysteria es una película como cualquier otra, no es la salvación, nunca lo fue, jamás lo será, pero si tiene en su núcleo la necesidad de decir algo, de transmitir, de dejarse escuchar, y ver, presiento que no estamos abriendo bien los ojos.

Este no es el comienzo de una nueva era, por ahí no se acerca el salvador del cine nacional, no faltan diez años para que el realizador estrella haga la película que los venezolanos adopten como suya, eso no existe, no se puede esperar.

Debemos hacer, naufragar, tragar agua, levantarnos, seguir haciendo, luchar, crear, imaginar. El venezolano debe tener la suficiente capacidad de discernir sobre lo que esta viendo, de justificar, de discutir con hechos. En el momento en que dejemos de decirnos: Debí ah ver visto otra película, porque esta es muy aburrida. En ese momento, lograremos ser espectadores con nivel, y si no nos gustó, poder debatir el por qué.

Daniel Dannery.

martes, 20 de abril de 2010

Daniel Dannery. GRACIAS, 2007, Venezuela.

Gracias. from Daniel Dannery on Vimeo.


Este corto lo hice hace 3 años. El guión lo escribí en una tarde apurado basándome en la experiencia de un amigo. Todo fue realmente despreocupado y efímero. Se grabó en dos mañanas, porque ninguno de los 3 (Los actores y yo, los únicos en locación, vale acotar) teníamos tiempo en esas fechas. Gran parte de las acciones de los personajes fueron improvisadas en el camino, al igual que la concepción de los planos (Je, je). La verdad es que el pobre sufre de pobreza, pero fue un ejercicio interesante.

Daniel.